El mensaje se ha sucedido desde que acabó el partido en Córdoba: “No se volverá a repetir”, han pregonado a los cuatro vientos una y otra vez desde el vestuario zaragocista. Desde el capitán en El Nuevo Arcángel, Toni Moya, hasta el entrenador pasando por un canterano, Marcos Cuenca, para prometer, a estas alturas, dolor de los pecados y propósito de enmienda. Con el agua al cuello y la vida en juego en cada partido, el Real Zaragoza anda todavía pidiendo perdón por encarar un partido decisivo sin alma, sangre ni corazón. Así le va. Así está.
El caso es que el equipo aragonés, empeñado en cometer pecados mortales, sigue respirando gracias a la clemencia de un Cádiz que también está decidido a marcharse de cabeza al infierno. Tan mal lo ha hecho el Zaragoza y tanto se ha ganado a pulso salir del fútbol profesional que el milagro no es salir de esta, sino seguir con vida. Cuatro puntos le separan del cuadro gaditano, que marca la salvación, pero esa distancia se reducirá a uno solo en caso de que el Zaragoza cumpla con su obligación y derrote a un cuadro ceutí con los deberes hechos tras sellar ya su permanencia y que es el segundo peor visitante de la categoría.








